LA HUELLA PATERNA: CUANDO EL REFERENTE DE SEGURIDAD FALLA

A menudo, en consulta, nos centramos en el origen de todo, pero hoy quiero poner el foco en una figura que marca nuestra columna vertebral emocional: el padre.

En el directo de Marzo semana hablamos del tipo de padre que tuvimos y qué impacto generó su huella en nosotros, especialmente a la hora de relacionarnos. Y es que la figura paterna es la que debería darnos el «permiso» para salir al mundo sintiéndonos seguros. Pero, cuando esa herramienta está rota, crecemos con un vacío de protección difícil de llenar.

1. El padre que no supo ser refugio
Desde que comencé en la práctica clínica en 2014, he visto cómo se repite una herida silenciosa: la de los hijos y hijas que pasan la vida intentando impresionar a un padre que nunca mira, y proyectando esa carencia a sus relaciones más cercanas.

Es fundamental entender que muchos padres operan con un «chip» de carencia. Quizás a él nadie le enseñó a abrazar, a validar o a decir «estoy orgulloso de ti». Ellos arrastran la huella que sus padres también marcaron. Entender esto no es justificarlo, es dejar de tomar su frialdad o carencias como una medida de tu valor. Su incapacidad para quererte como necesitabas no habla de ti, sino de SUS propias limitaciones.

2. Dejar de esperar la aprobación que nunca llega
El mayor desgaste emocional de mis pacientes suele ser la esperanza residual. Ese pensamiento inconsciente de: «Si logro este éxito, si me porto de esta manera, por fin me verá».

Sanar la figura paterna consiste, en gran medida, en hacer el duelo por el padre que no tuviste (de la madre hablaremos próximamente). Aceptar que esa «herramienta» no va a darte la validación que buscas te libera. Ya no eres el niño esperando el aplauso; ahora eres el adulto que tiene que aprender a aplaudirse a sí mismo.

3. Construyendo tu propia seguridad
Si tu padre no fue ese muro seguro donde apoyarte, es probable que hoy te cueste confiar, poner límites o sentirte merecedor/a de cosas buenas. En Cambiando Chips trabajamos para que tú te conviertas en tu propio referente de autoridad y protección.

No podemos cambiar el pasado, ni podemos obligar a un hombre a ser el padre que no sabe ser. Pero sí podemos cambiar cómo ese «chip» de abandono, crítica, etc nos afecta hoy.

Una reflexión para cerrar
Si hoy pudieras decirle a ese niño o niña que fuiste que ya no necesita el permiso de papá para ser feliz, ¿cómo cambiaría tu vida?

Sanar al padre es, en última instancia, dejar de ser su sombra para empezar a caminar bajo tu propia luz.

Seguimos adelante. Porque el vínculo con tu historia empieza por la honestidad de reconocer lo que faltó.
En el próximo directo (21 de Abril), trataremos la huella materna, un temazo que nos toca de pleno a todos.
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-Aryán Puerta-